La
abadía de Santa Genoveva, en París, fue fundada por el Rey Clovis
que estableció allí un colegio de clérigos, posteriormente llamados
canónigos regulares. Se desconoce por cuanto tiempo esos religiosos
observaron la vida regular, pero en el 1147 los canónigos seculares
oficiaron en la iglesia. El
Rey Luis VII y Papa III, habiendo presenciado algunos desordenes,
determinado en restaurar la disciplina regular inicialmente pensó
en llevar monjes, pero ya que los canónigos prefirieron algunos de
su propia orden, el Papa consintió.
A pedido de Sugero y de San Bernardo, Gildwin el primer Abad
de San Víctor donde recientemente se había establecido la regla canóniga,
consintió en enviar a Odo, el Prior de su Abadía.
Hubo dificultades, pero finalmente prevaleció el orden y algunos
de los canónigos se unieron a la reforma.
Entre estos estaba el joven Canónigo Guillermo, ya conocido
por sus virtudes y escolaridad. A pedido de Absalón, Obispo de Roskild en Dinamarca,
quien cuando era estudiante en Santa Genoveva lo conoció, Guillermo
fue enviado a este país para reformar el monasterio de canónigos en
la isla de Eskil. A pesar
de numerosos retos, obstáculos y persecuciones logró el éxito en su
empresa y fundó otro monasterio, que dedicó al Santo Paráclito.
Murió en el 1206 y fue canonizado por Honorio III. Era natural que hubiese estrechas relaciones
entre Santa Genoveva y sus fundaciones en Dinamarca. Pedro, un joven que hizo su profesión en la abadía, fue Obispo de
Roskild; Valdemar, hermano del Rey Knut, murió en Santa Genoveva;
el Abad Esteban de Tournai escribió a Guillermo y sus amigos para
obtener hierro para el techo de su abadía.
Como
la Abadía de San Víctor, Santa Genoveva se convirtió en una célebre
casa de aprendizaje. San Víctor,
Santa Genoveva y Notre Dame fueron los cimientos de la
Universidad de París. Abelardo, en diferentes épocas instruyó en
esta abadía y escuela. Por
derecho y costumbre las dos hermanas abadías frecuentemente intercambiaron
personas. Pedro de Ferriere, Abad de San Víctor en un
tiempo fue Prior de Epinay, un priorato de Santa Genoveva; Guillermo
de Auxerre, canónigo profeso de San Víctor en el 1254, ejerció la
función de ecónomo y se convirtió en Abad de Santa Genoveva; y Marcél,
sucesivamente clérigo en San Víctor y Santa Genoveva, fue nombrado
en el 1198 Abad de Cisoing. Al igual que la mayoría de las casas religiosas,
esta abadía, cayendo en manos de abades in commendam dejamientos
y desordenes fueron su consecuencia. A principios del siglo XVII el Cardenal de La Rochefoucauld asumió
su reforma. Él trajo de Senlis
a un hombre santo, Carlos Faure, quien había restablecido la regla
canóniga en la antigua abadía de Silvanect.
Una vez más la Regla de San Agustín fue fielmente observada
en Santa Genoveva que se convirtió en la casa materna de la congregación
Gálica. Carlos Faure murió en el 1644. La segunda primavera de la abadía fue tal vez
más gloriosa que la primera. A
mediados del siglo XVII el Abad General tenia bajo su jurisdicción
a más de cien abadías y prioratos.
Hombres como Fronteau, canciller de la universidad y autor
de muchas obras, Laleman, Chapponel, Reginier, Ghengot, Beurier, de
Moulinet, fundador de la librería nacional y Agustín Hay, un escocés
que escribió Scotia Sacray ofició en Holyrood, Escocia
en el 1687, eran hijos de la congregación francesa. Cuando en el 1790 la asamblea revolucionaria
declaró nulos todos los votos religiosos y abrió las puertas
a todos los recluidos en los monasterios, habían treinta y nueve canónigos
en Santa Genoveva. Este fue
el final de esta ilustre abadía y escuela.
BONNARD, Histoire de l'abbaye de St-Victor de Paris
(1907); Gautier, Adam de St-Victor (Paris, 1858; Marion Histoire de
l'Eglise (Paris, 1908); Vuillemin, Vie de S. Peirre Fourier (Paris,
1897).
A.
ALLARIA
Transcrito por Genevieve Luna
Traducido
por Anónimo de Borinquen