Situada a unos 41 kilómetros de Roma, no lejos de la estación de Farfa
Ravina. Una leyenda en la Chronicon
Farfense relata la fundación de un monasterio en Farfa en el tiempo
del Emperador Juliano, o Graciano, por el siberiano San Laurentius,
quien había llegado a Roma con su hermana, Susana, y quien había sido
nombrado Obispo de Spoleto.
La leyenda indica que haberse enamorado de la vida monástica, escogió
una cabaña de madera cerca de la corriente del Farfa, un afluente del
Tiber, cerca del cual él construyó una iglesia para Nuestra Señora,
y un monasterio. Descubrimientos arqueológicos en 1888 parecen
probar que el primer establecimiento monástico establecido allí, fue
construido sobre las ruinas de un templo pagano. Este primer monasterio fue devastado por los vándalos en el Siglo
XV, sin duda, aproximadamente en el año 457.
En el Siglo VII, una ola de monasticismo del norte, se extendió por toda
Italia. La gran tradición benedictina
se fortaleció en Italia con la fundación de Bobbio, por San Colombo,
y la fundación de Farfa por parte de los monjes de Gaul, aproximadamente
en el 681. La Constructio
Monaserii Farfensis, un texto que proviene muy probablemente de
857, relata la larga historia del principal fundados Thomas de Maurienne;
quien había hecho una peregrinación a Jerusalem y estuvo tres años en
esa ciudad.
Mientras estaba en oración ante el Santo Sepulcro, en una visión, Nuestra
Señora le indicó que regresara a Italia, y que restaurara Farfa; y el
Duque de Spoleto, Faroald, quién también había tenido una visión, fue
encomendado a ayudarle con este trabajo. En
una fecha muy temprana encontramos trazos de esta leyenda en conexión
con la fundación por tres nobles de Beneventum, del monasterio de San
Vicente en Volturno, territorio sobre el cual Farfa declara jurisdicción. Tomás murió en 720; y durante más de un siglo
los abades francos gobernaron sobre Farfa.
Los jefes lombardos y más tarde los carlovingios, promovieron la continuidad
en cuanto a excluir a Farfa de la obediencia de los Obispos de Rieti,
y en asegurarse muchos privilegios e inmunidades para el monasterio. Con
la excepción de Nonantula, y si damos crédito a la Chronicon Farfense,
el monasterio de Farfa fue el más importante de Italia en este período,
tanto desde el punto de vista de las posesiones materiales, como en
términos de la dignidad eclesiástica.
Tenía una gran basílica y cinco iglesias menores, con gran número de
obras maestras de la orfebrería religiosa.
El deseo de posesión de los saracenos fue excitado y aproximadamente
en 890, durante el gobierno del Abad Pedro, ellos arrebataron el lugar. Pedro se mantuvo contra ellos durante siete
años, y luego resolvió abandonar el monasterio. Dividió a sus monjes en tres secciones y compartió con ellos la riqueza
de la abadía. Un grupo fue enviado
a Roma, otro a Rieti, y otro al condado de Fermo. Los saracenos preservaron Farfa como una fortaleza,
pero algunos ladrones cristianos le dieron fuego por error.
Entre 930 y 936, fue reconstruida por el Abad Ratfredus, quien luego
fue envenenado por dos monjes enfermos, Campo y Hildebrando, quienes
dividieron la riqueza entre ellos, y gobernaron, hasta Alberico, Príncipe
de los Romanos, llamado en Odo de Cluny, a fin de reformar Farfa y otros
monasterios.Campo fue desalojado del poder y un santo monje llamado
Dagoberto tomó su lugar.
Luego de cinco años, también él fue envenenado y la condición moral de
Farfa fue de nuevo, deplorable. Los
monjes robaron los altares y sus ornamentos y llegaron a tener vidas
llenas de vicios. En 967, el
papa consagró al Abad Juan III, quien tuvo la protección del Emperador
Otho, en cuanto a reestablecer el poder. Pero el gran reformador de
Farfa fue Hugues (998-1010).
Existieron algunas inseguridades acerca de su nominación, pero el éxito
de su gobierno las compensó. En esta instancia, Odilo, Abad de Cluny,
y Guillermo, Abad de Dijon, visitaron Farfa, y reestablecieron allí
el amor y la piedad por el estudio.
La Consuetudines Farfenses escrita aproximadamente en 1010,
bajo la supervisión de Guido, quien había sucedido a Hugues, y recientemente
fue publicada por Albers, muestra el cuidad con el cual Hugues organizó
la vida monástica de Farfa. Bajo
el título de Destructio Monasterio, Hugues por sí mismo
escribió la historia del triste período anterior a su mandato; y luego
bajo el título de Diminutio Monasterio y Querimonium,
relata las dificultades temporales que se tuvieron en Farfa debido a
la ambición de señores romanos. Estos
trabajos tienen una gran importancia para el estudio de este período.
Uno de los sucesores de Hugues, Berardo, Abad de 1049 a 1089, hizo de
la Abadía un lugar de gran actividad intelectual. El monje Gregorio de Catino (nacido 1060) arregló los archivos.
A fin de dar consistencia a los reclamos de Farfa y a los derechos
de sus monjes, editó la Regesto di Farfa o Liber Gemmiagraphus
sive Cleronomialis ecclesiae Farfensis compuesta de 1324 documentos,
todos ellos muy importantes para la historia de la sociedad italiana
en el Siglo XI. Ugo Balzani
alabó la exactitud de su trabajo, planeado indicó, de
conformidad con la armonía y los mejores esfuerzos críticos de nuestros
tiempos.
En 1103, Gregorio escribió el Largitorium o Liber Notarius
sive Emphiteuticus, una larga lista acerca de todas las concesiones,
o donaciones, hechas por el monasterio.
Una vez que hubo recolectado toda esta información con detalle,
se puso a trabajar en la historia del monasterio, la Chronicon
Farfense, y cuando tenía 70 años de edad, a fin de facilitar las
referencias a sus primeros trabajos, llegó a compilar una especie de
índice que aparece con su personal estilo: Liber Floriger Chartarum
cenobii Farfensis.
Gregorio fue un hombre de verdadero aprendizaje, fue muy sobresaliente
en ello; a principios del Siglo XI, escribió una historia con gran sentido
de exactitud, y contando con gran información.
Los monjes de Farfa poseían 683 iglesias o conventos; dos pueblos,
Centumcellae (Civitavecchia) y Alatri; 132 castillos; 16 fortalezas;
7 puertos marinos; 8 minas de sal; 14 villas; 82 molinos; 315 aldeas. Toda esta riqueza fue incorporada a la vida
religiosa entre 1119 y 1125.
Farfa se mantuvo en problemas derivados de las rivalidades entre el Abad
Guido y el monje Berardo quien deseaba ser abad. Durante el conflicto de investituda, Farfa fue, más o menos, a favor
del grupo de los Ghibellines.
La Ortodoxa defensio imperiales, escrita en apoyo
del partido gibelino, fue, de conformidad con Bethmann, un trabajo de
Gregorio, y de uno de sus discípulos, de acuerdo a lo establecido por
Balzani. La colección de textos
canónicos contenidos en el Regesto, los que fueron estudiados
por Paul Fournier, parecen omitir deliberadamente cualquier mención
de los textos canónicos de los papa reformistas del Siglo XI.
Sin embargo, en 1262, con la victoria de los papas sobre el último de
los Hohenstaufen, puso fin a la influencia alemana en Italia, Farfa
buscó la protección de Urbano IV, tal y como lo vemos en un privilegio
que fue otorgado el 23 de febrero de 1262, y publicado por Jean Guiraud. A fines del Siglo XIV, la Abadía de Farfa llegó
a tener una cardinalatial in commendam, y desde 1842, el
Obispo Cardenal de Sabina, un subvicariato del obispado, llegó a tener
también el título de Abad de Farfa.
GREGORIO DI CATINO,
Il Regesto di Farfa, published by the R. Società romana di storia patria,
under the direction of GIORGI and BALZANI (Rome, 1879-1892), 4 vols.;
Il Chronicon Farfense di Gregorio di Catino; precedono la "Constructio
Farfensis" e gli scritti di Ugo di Farfa: published by BALZANI
(Rome, 1903), 2 vols.; Atti della R. Accademia dei Lincei; Notizie degli
Scavi (1888), 292; MABILLON, Acta sanctorum Ord. Ben., I, 231-233; BRUNO
ALBERS, Consuetudines monasticæ, vol. I of his Consuetudines Farfenses
(Stuttgart, 1900); FOURNIER, La collezione canonica del regesto di Farfa
in Archivio della R. Società romana di Storia Patria, xvii, 285 sqq.;
GUIRAUD, La badia di Farfa alla fine del secolo xiii in Archivio della
R. Società romana di Storia Patria, XV, 275-288; MARINI, Serie Cronologica
degli Abbati del monastero di Farfa (Rome, 1836); ANGELI, Passeggiate
Sabine: Farfa in Rivista Moderna Politica e letteraria (1 Nov., 1902).
GEORGES GOYAU
Transcripción de Gerald Rossi
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes