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Amiatino, Codex

El manuscrito más famoso de la Biblia Vulgata, señalado como el mejor testigo del auténtico texto de San Jerónimo, y como una delicada muestra de la caligrafía medieval, conservada en la Biblioteca Laurentiana en Florencia. Su símbolo se escribe am o A (Wordsworth). Se conserva un enorme volumen que mide 19 ¼ pulgadas (48,9 cm.) de alto, 13 3/8 pulgadas (33,9 cm.) de ancho y un grosor de 7 pulgadas (17,8 cm.) –tan impresionante, como decía Hort, como para llenar al que la contemple de un sentimiento semejante a un temor reverencial. Algunos la consideran, junto con White, tal vez como “el libro más hermoso del mundo”; aún existen varios manuscritos que están bellamente escritos y tienen además, como el Libro de Kells, o el Libro de Lindisfarne, esos exquisitos adornos de los que Amiatino está desprovisto.

Contiene 1029 hojas de fuerte y suave vitela, de aspecto nuevo hoy en día, a pesar de su antigüedad, organizado en manos de cuatro hojas o cuaternios. Está escrito con caracteres unciales, grandes, claros, uniformes y hermosos, en dos columnas por página y 43 ó 44 líneas por columna. A menudo aparece un pequeño espacio entre las palabras, pero la escritura es, en general, continua. El texto está dividido en secciones, lo que en el Evangelio se aproxima a las Secciones Amonianas. No hay signos de puntuación, pero el lector adiestrado interpreta el sentido por la organización esticométrica, o casi verso, en “coda y commata”, lo que, aproximadamente, correspondería a las cláusulas principal y subordinada de una frase. Se cree que el escribano modeló esta forma de escribir en la gran Biblia de Casiodoro, pero es posible que se remonte hasta, incluso, San Jerónimo; se entiende mejor con un ejemplo:

QUIA IN POTESTATE ERAT
SERMO IPSIUS
ET IN SYNAGOGA ERAT HOMO HABENS
DAEMONIUM INMUNDUM
ET EXCLAMAVIT VOCE MAGNA
DICENS
SINE QUID NOBIS ET TIBI IHU
NAZARENE VENISTI PERDERE NOS
SCIO TE QUI SIS SCS DI
ET INCREPAVIT ILLI IHS DICENS

Debe hacerse notar que la sección “ET IN” y la coda, comienzan aproximadamente en la misma vertical, la “commata” empieza dentro, bajo la segunda o tercera letra, e igualmente hace la continuación de los dos puntos o la coma, que van más allá de una sola línea. Esta organización, además de ayudar a entender el texto, daba una apariencia espaciosa, variada y casi artística a la página. La primera letra de una sección se escribía a menudo con tinta de otro color, así como la primera línea de un libro. Aparte de esto, no había intentos de decorar el texto.

Habitualmente se dice que el códice (o pandecto) contiene la Biblia completa; pero debe observarse que falta el Libro de Baruc, aunque la Epístola de Jeremías, habitualmente incluida en él, aquí está añadida al Libro de Jeremías. Además de los textos de las Escrituras, contiene el “Prologus Galeatus” de San Jerónimo y sus prólogos a los libros individuales; los capitula , o resúmenes de contenido; y, en el primer cuaternión algunos materiales que han sido muy discutidos y se han demostrado de gran ayuda en el seguimiento de la historia del códice, entre ellos, versos de dedicatoria, una lista de libros contenidos en el códice, una imagen del Tabernáculo (se creía que era el antiguo templo de Salomón), una división de los libros de la Biblia de según Jerónimo, otra según Hilario y Epifanio y una tercera según Agustín. Parte de la plegaria de Salomón (1 er libro de los Reyes, 8,22-30) en latín antiguo se reproduce al final del Eclesiastés. El origen de una inscripción griega al inicio del Levítico, recogiendo que “el Señor Servando preparó” este códice, o parte, ha sido discutido largamente.

La recuperación del Códice Amiatino, que tiene importantes conexiones con la historia de la misma Vulgata y con el texto de la Biblia, se debió a los trabajos de muchos eruditos y la perspicacia de un hombre genial, De Rossi. Al comienzo del pandecto, tal como hemos mencionado, existen ciertos versos de dedicatoria; recogen la donación (del códice) al venerable convento de San Salvador por un tal Pedro que fue abad de lejano territorio de los Lombardos. El texto latino es como sigue:

CENOBIUM AD EXIMII MERITO
VENERABILE SALVATORIS
QUEM CAPUT ECCLESIAE
DEDICAT ALTA FIDES
PETRUS LANGOBARDORUM
EXTREMIS DE FINIB. ABBAS
DEVOTI AFFECTUS
PIGNORA MITTO MEI

San Salvador es el nombre del monasterio en el monte Amiata (de aquí Amiatino ) cerca de Siena; aquí este códice se conservó desde el siglo noveno hasta el año 1786, cuando se llevó a Florencia tras la supresión del monasterio. Naturalmente, se suponía que el códice era un regalo a la casa, pero nada se supo del donante. Bandini, el bibliotecario de la Laurentiana, a cuyas manos llegó el códice, observó que ni el nombre del donante ni el del receptor pertenecían a la dedicatoria original. Estos fueron escritos por mano distinta sobre partes de la inscripción original como delatan los evidentes signos de borrado. Las letras en cursiva arriba eran de la segunda mano, mientras que la inicial C de la primera línea y la E de la quinta, eran originales. Bandini también observó que cenobium reemplazaba a una palabra más corta y que las cinco últimas letras de salvatoris estaban escritas en pergamino y no habían sido borradas, y así las diez letras de esta palabra reemplazaban a las cinco de la original. También la métrica estaba completamente equivocada. La pista para reconstruir las líneas originales la encontró en la expresión caput ecclesiæ , que pensó se refería a San Pedro. Y como en la Edad Media el título favorito para la Sede Apostólica era culmen apostolicum , reconstruyó la primera línea de esta forma:

CULMEN AD EXIMII MERITO VENERABILE PETRI

Esta suposición produjo un verso hexámetro correcto, manteniendo la C inicial original, poniendo una palabra de la longitud adecuada al principio y otra la final, y proporcionando un sentido que encajaba perfectamente con las probabilidades del caso. En la quinta línea, en vez de Petrus Langobardorum , Bandini propuso Servandus Latii , debido a la inscripción sobre Servando mencionado anteriormente. Se suponía que Servando era amigo de San Benito, al que visitó en Monte Casino en el 541; fue abad de un monasterio cerca de los confines de la región de Lazio.

Estas suposiciones fueron aceptadas por el mundo erudito; Tischendorf, por ejemplo, escribiendo setenta y cinco años después, dijo que Bandini había demostrado tan bien su teoría que no cabía ninguna duda. Así mismo, se determinó que el Códice Amiatino databa de mediados del siglo sexto, era el manuscrito más antiguo de la Vulgata y fue escrito en el sur de Italia. Hubo, sin embargo, algunas protestas, como, por ejemplo, de Paul de Lagarde. Él editó la traducción de San Jerónimo del Libro de los Salmos, usando libremente para ello un códice del siglo noveno, supuso que el Amiatino, con una parcialidad nada antinatural, vendría “con toda probabilidad” de las manos del escribano de su Salterio del siglo noveno, escrito en “Reichenau, en el lago Constanza”. Pero, para citar a Corssen, fue G.B. De Rossi, “ese gran estudioso romano, cuya infalible perspicacia y conocimientos descubrieron enseguida el lugar de origen de nuestro famoso manuscrito” (Academia, 7 de Abril de 1988).

De Rossi siguió a Bandini en su reconstrucción del primer verso, pero pensó que era improbable que un abad, presentando un libro al Papa de Roma hablase de “los lejanos confines del Lazio”, pero a muy corta distancia de Roma. Anzizni, el bibliotecario de la Laurentiana, señalaba que el espacio borrado para hacer hueco a Petrus Langobardorum era mayor que el necesario para la suposición de Bandini. De Rossi estaba en aquel momento ocupado con una búsqueda en la historia antigua de la Biblioteca Vaticana, y revisando un pasaje de Beda, adivinó que el nombre perdido era Ceolfridus . Los borrados, que eran irregulares, parecían seguir las letras muy aproximadamente, correspondiendo perfectamente a esta teoría. Entonces, propuso el siguiente verso:

CEOLFRIDUS BRITONUM EXTREMIS DE FINIB. ABBAS

La frase encajaba exactamente en un abad del fin del mundo, como era considerada y vista Inglaterra en aquella época; y la historia de Ceolfrido hizo que las suposiciones de Rossi fueran definitivamente aceptadas, especialmente por los estudiosos ingleses. Ceolfrido era el discípulo de Benito Biscop, quien fundó los monasterios de Wearmouth y Jarrow en Northumberland hacia finales del siglo séptimo. En aquella época, Inglaterra era la hija más devota de la Sede de Roma, y el Abad Benito era entusiasta en su devoción. Sus monasterios dependían directamente de Roma. Durante su vida, viajó cinco veces a Roma, habitualmente trayendo una colección de libros presentados por el Papa. Ceolfrido, que le acompañó en una de aquellas visitas, se convirtió en su sucesor en el año 686 y heredó su gusto por los libros; Beda cita tres pandectos de la traducción de san Jerónimo que hizo, uno de los cuales decidió ya en edad avanzada, en el 716, llevarlo a la iglesia de San Pedro, en Roma. Falleció en el camino, pero su regalo fue llevado al Santo Padre, entonces Gregorio II. Este códice fue identificado por Rossi como el Amiatino.

Esta suposición fue saludad por todos como un descubrimiento genuino y de gran importancia. Berger, sin embargo, se opuso a Britonum , sugiriendo Anglorum . Pronto, Hort puso el tema fuera de toda duda. En una biografía anónima de Ceolfrido, la principal fuente de información de Beda, la cual se piensa que se publicó dos veces, había sido pasada por alto por todos, Hort encontró la historia de Ceolfrido viajando a Roma y llevando el pandecto dedicado con tres versos:

CORPUS AD EXIMII MERITO VENERABILE PETRI
DEDICAT ECCLESIAE QUEM CAPUT ALTA FIDES
CEOLFRIDUS, ANGLORUM EXTIMIS DE FINIBUS ABBAS

Etc. A pesar de las variaciones, no habría ninguna duda de su identidad con los versos dedicatorios del Amiatino; Corpus era naturalmente el original, no Culmen , y Anglorum , no Britonum ; las otras diferencias eran, quizás, debidas a un lapso de memoria, o esta versión podría representar la versión original de la dedicatoria. El principal punto de De Rossi, se demostró cierto. Determinó que el Amiatino se originó en Northumberland aproximadamente a principios del siglo octavo, habiendo sido hecho, como Beda decía, por orden de Ceolfrido. Ello no concluye, sin embargo, que el escribano fuese inglés; la escritura y ciertas peculiaridades de la ortografía permitieron a algunos creerlo italiano. Sabemos que ambos monasterios trajeron a un músico romano para enseñar a los monjes el canto romano, y podían, por la misma razón, haber traído a un calígrafo experto. La caligrafía del Amiatino posee un fuerte parecido con algunos fragmentos de S. Lucas, en un manuscrito de Dirham, con algunos fragmentos del Nuevo Testamento ligados al Salterio de Utrecht, y al Evangelio de Stonyhurst; estos hechos, junto a la afirmación de Beda de que Ceolfrido había escrito tres pandectos, señalan que “había una grande y floreciente escuela de caligrafía en Wearmouth o Jarrow en los siglos séptimo y octavo, de la cual no se supo nada hasta bastante más tarde” (White). Esta conclusión ha sido confirmada por peculiaridades en el texto y en ciertos sumarios.

El contenido del primer cuaterinón del Amiatino, coincide tan notablemente con las descripciones del afamado Códice Grandior de Casiodoro, que se supuso que las hojas fueron traspasadas de él en bloque; la suposición se ha hecho más creíble por el hecho de que este códice había sido visto por Beda en Inglaterra, quizás antes que el Amiatino fuese llevado a Roma. Además, el contenido de nuestro códice no corresponde exactamente a la lista predeterminada que da a entender el contenido. Estas razones, sin embargo, sólo demostrarían que el Códice Grandior sirvió como modelo, lo que parece fuera de toda duda; mientras, por otra parte, razones de peso han sido impulsadas en contra de otras hipótesis atractivas (véanse White y De Rossi).

Pese a haber adelantado su fecha en un siglo y medio, el Amiatino conserva el primer lugar en la pureza de textos entre los manuscritos de la Vulgata. Su excelencia se explica mejor en la base de que su modelo era un antiguo manuscrito italiano, quizás uno de los traídos de Roma por Benito Biscop, quizás uno traído por Adriano, abad de un monasterio próximo a Nápoles, cuando, en el 668, acompañó a Benito y a Teodoro a Inglaterra. Es notable que el Amiatino y otros códices de Northumberland tengan un texto cercano a manuscritos italianos, especialmente del sur y a manuscritos que delatan su procedencia italiana. El grupo al cual pertenece, mantiene una relación muy estrecha con los manuscritos griegos más apreciados existentes, aleph , B. (Cf. MANUSCRITOS DE LA BIBLIA; CRITICISMO BIBLICO, subtítulo Textual .). En el Antiguo Testamento, el texto no mantiene una pureza uniforme; Berger, por ejemplo, señala la inferioridad del libro de la Sabiduría y del Eclesiastés, y Tischendorf, de los Macabeos. El Salterio no presenta el texto de la Vulgata, sino la traducción de S. Jerónimo del hebreo (cf. SALTERIO; VULGATA). La excelencia del texto Amiatino no es un descubrimiento nuevo: era de sobra conocido por los revisores Sixtinos de la Vulgata, que lo usaron constantemente y lo preferían, como norma, a cualquier otro. A esto es debida la pureza comparativa del texto oficial de la Vulgata y su libertad respecto a tantas deformaciones encontradas en el texto griego recibido, que permanece, como es bien sabido, en algunos de los últimos y más imperfectos manuscritos griegos.

Escrito por John Francis Fenlon.

Trascrito por Sean Hyland.

Traducido al castellano por José Ponce.


The Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur +John Cardinal Farley, Archbishop of New York



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